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Thread: La guerra social Venezolana

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    Moderator Caribbean Pirate El Andullero's Avatar
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    Default La guerra social Venezolana

    Saludos, mis colegas hispanoparlantes.

    Recientemente he estado leyendo el libro "De Cristobal Colon a Fidel Castro. El Caribe, frontera imperial" de la autoría del ex-presidente Dominicano Juan Bosch. En el mismo hay un capitulo que me llamó poderosamente la atención, el cual se refiere a las condiciones que sociales, económicas y politicas que degenerarían en el proceso independentista en la mayor parte del continente, en particular, la guerra entre las castas sociales del país Venezolano, la cual aún después de la independencia sigue teniendo resonancia en los sucesos actuales, sobre todo porque su estudio ayuda a explicar la prolongada vigencia del izquierdismo chavista en ese país, el cual ha perdurado aún cuando las condiciones de vída de Venezuela no han cambiado en lo esencial a trece años de su instauración.

    Sin más ni más, les dejo con el capítulo:

    DE CRISTOBAL COLON A FIDEL CASTRO (II)

    CAPITULO XIX

    LA GUERRA SOCIAL VENEZOLANA

    Las luchas de independencia en los territorios españoles del Caribe comenzaron desatando la pavorosa guerra social de Venezuela, hecha por la masa del pueblo —españoles del común, canarios, pardos, zambos, negros libres y esclavos— contra los criollos todopoderosos.

    Quienes iniciaron las luchas fueron los sectores de lo que hoy llamaríamos la extrema derecha, los terratenientes esclavistas; y en aquellos lugares donde esa clase tenía círculos aristocráticos, las comenzaron éstos, o por lo menos, ellos las encabezaron. Eso es lo que explica que las masas populares se pusieran frente a los iniciadores de la independencia y del lado realista, pues la monarquía borbónica, que tenía ciento diez años de historia, era infinitamente más avanzada que los amos de tierras y esclavos del Caribe español y muy a menudo les imponía limitaciones a sus desafueros y amparaba a los sectores sociales del pueblo contra los abusos de los poderosos. Por su parte, los terratenientes esclavistas, que se habían acostumbrado a las libertades económicas que habían dado los reyes Borbones a sus territorios de la región, querían el poder político —y nada menos que todo el poder político— para ellos solos, no para compartirlo con ninguna otra clase. Habían visto que en la América del Norte se había hecho la independencia y el poder había caído en las manos de grandes terratenientes dueños de esclavos y ellos querían disfrutar de una situación similar a la de sus congéneres de los Estados Unidos.

    En pocas palabras, el movimiento de independencia en el Caribe español tuvo su origen en los círculos más reaccionarios, por lo menos en sus primeros años. Los historiadores, los poetas, los escritores de esa región del mundo lograron engañar durante más de un siglo a infinidad de gente presentando ese movimiento con colores brillantes; pero en el momento en que se produjo nadie pudo engañar a las masas de los pueblos; esas masas se dieron cuenta de la verdad desde el día mismo en que vieron a los grandes señores del cacao, del azúcar y del añil.

    Y las juntas que se formaron con el pretexto de mantener y defender los derechos de Fernando VIL Pasarían años antes de que el agotamiento de la guerra social y el genio político de Bolívar provocaran la incorporación de las masas a la lucha por la independencia.

    En sus inicios, las luchas fueron aisladas y hasta en un mismo territorio se produjeron movimientos diferentes. Eso dependía de la composición social de cada lugar, de la mayor o menor autoridad de los líderes. Pero la agitación fue general, excepto, tal vez, en Cuba y Puerto Rico. En Santo Domingo, como sabemos, acabó en la expulsión de los franceses y la reincorporación a España; en Nueva Granada provocaría desde el primer momento no sólo acciones de guerra contra españoles y neogranadinos, sino además una guerra civil entre republicanos; en Venezuela iba a desatar una guerra social de proporciones abrumadoras.

    Entre fines de 1810 y marzo de 1811, la presión independentista fue más fuerte en Caracas, adonde Miranda había llegado en el mes de diciembre invitado por el joven Simón Bolívar, que había sido el representante de la Junta de Caracas en Londres. Los patricios de Bogotá —conocida todavía en esos años con el nombre de Santa Fe— establecieron el Estado de Cundinamarca, presidido por Jorge Tadeo Lozano, que debía ser uno de los que formarían la confederación en las Provincias Unidas de Nueva Granada, cuya constitución se negó a ser elaborada inmediatamente. Por su parte, Cartagena se negó a reconocer autoridad alguna a las Cortes españolas, y mientras tanto en la región sudoeste del país se inició una lucha armada entre republicanos y realistas, estos últimos mandados por el gobernador español de Popayán, el general Tacón.

    A medida que avanzaba el año de 1811 se producían rebeliones de esclavos en la región central de Venezuela, y cuando el Congreso reunido en Caracas proclamó el 5 de julio la independencia del país y su organización como república federal, la respuesta popular fue una sublevación realista en la importante ciudad de Valencia. El Congreso encomendó a Miranda someter a los valencianos y el viejo luchador lo consiguió, pero a un precio muy alto en muertos y heridos. En el mes de septiembre se produjeron en Bogotá desórdenes de tal naturaleza que Lozano se vio forzado a renunciar la presidencia del flamante Estado de Cundinamarca mientras el Congreso seguía trabajando en la creación de las Provincias Unidas.

    La verdad era que toda la región se hallaba sometida a tensiones peligrosas. Había fuerzas realistas en Santa Marta, esto es, en el litoral del Caribe y a muy poca distancia de Cartagena, y las había también en Popayán, hacia el Sur; había fuerzas realistas en Maracaibo y Coro, también en el litoral del Caribe, pero ya dentro de los límites de Venezuela, y las había en La Guayana, en el extremo oriental venezolano. Dentro de la zona del Caribe las fuerzas realistas ocupaban la costa desde Santa Marta hasta Coro, lo que suponía un territorio grande.

    En los primeros días de noviembre de ese año de 1811 —el 5, el 6 y el 7— estalló inesperadamente un movimiento independentista en El Salvador, que era entonces una de las provincias de la Capitanía General de Guatemala, llamada generalmente reino de Guatemala. Adueñados de San Salvador, que era la capital de la provincia, los independentistas proclamaron la independencia el día 11 e invitaron a todos los pueblos de la provincia a que se les unieran, pero sólo lo hicieron unos pocos. El movimiento estaba encabezado por los notables de San Salvador, y especialmente por unos cuantos miembros del alto clero del país. Ese mismo día 11 de noviembre quedó establecida la confederación de las Provincias Unidas de Nueva Granada, que se conocería con el nombre simple de la Unión, y una rebelión popular obligaba a la Junta de Cartagena a declarar su independencia total de España, cosa que no iban a hacerlos otros Estados, de la Unión sino mucho más tarde.

    El 22 de diciembre se amotinó el pueblo de Granada, en la provincia de Nicaragua, reclamando que se sustituyera a los funcionarios españoles acusados de abuso de autoridad, y al comenzar el año de 1812 sucedió lo mismo en Tegucigalpa, en la provincia de Honduras, con lo cual eran ya tres las provincias del reino de Guatemala sacudidas por la agitación que predominaba en las tierras españolas del Caribe. Hubo que organizar fuerzas para someter a los rebeldes de Tegucigalpa, como hubo que organizarías en el mes de noviembre en el caso de El Salvador. Las mismas fuerzas que actuaron, en Tegucigalpa fueron enviadas a imponer el orden en Granada, donde la rebelión duró hasta principios del mes de febrero.

    En el centro de Nueva Granada las luchas se desviaron hacia guerras civiles provocadas por la decisión del Estado de Cundinamarca —cuyo presidente pasó a ser, a la renuncia de Lozano, don Antonio Nariño— de anexionarse varios territorios, entre ellos algunos tan distantes como Pamplona, situada al norte de Bogotá. El gobierno de Cundinamarca sólo aceptaría formar parte de la Unión después que obtuviera la anexión de esos territorios que reclamaba. En el fondo de la guerra civil que se desató no había sino una realidad, que eran las contradicciones entre sectores terratenientes. De todos modos, dado que esas luchas eran internas no hay en este libro lugar para describirlas; en cambio lo hay para referirnos a los acontecimientos del norte y del sur del país, donde los neogranadinos combatían por su independencia. Así, debemos decir que en el sur, Tacón abandonó el campo para irse al Perú, pero al frente de las fuerzas realistas le sucedió Antonio Tenorio, que levantó a la población del valle de Patía en favor del rey, mientras a Santa Marta llegaban refuerzos españoles enviados desde Cuba con los cuales los realistas pudieron asegurarse el dominio de la margen derecha del río Magdalena y con ella los accesos hacia Ocaña y los ricos valles de Cúcuta.

    También llegaron refuerzos a Venezuela. Fue una pequeña columna despachada desde Puerto Rico al mando del capitán de fragata don Domingo Monteverde, que desembarcó en Coro a principios de marzo de 1812. A pesar de su tamaño, totalmente desproporcionado a la tarea que debía realizar, esa diminuta fuerza española levantó a tal grado el entusiasmo de los partidarios de Fernando VII en el occidente de Venezuela —la gente del pueblo, y en el caso especial de Coro, también mantuanos que no habían querido unirse a los de Caracas— que Monteverde pudo avanzar hacia el sur sin un tropiezo, y lo que es más, aumentando sus efectivos con gente que se agregaba espontáneamente; así entró en Carora sin disparar un tiro y ya para fines de abril había tomado Barquisimeto y San Carlos. Todo el territorio que dejaba a su retaguardia, hasta la margen derecha del río Magdalena, en Nueva Granada, era sólidamente realista, de manera que disponía de una base segura para obtener alimentos y ayuda del pueblo. Cuando él avanzaba hacia el centro de Venezuela, Antonio Tenorio estaba reconquistando Popayán, en el sudoeste de Nueva Granada.

    La Junta de la Regencia que se había formado en España para representar al rey nombró un virrey para Nueva Granada, pero como el único lugar de Nueva Granada donde no había habido levantamientos contra el poder español ni había amenazas de ataques republicanos era la provincia de Panamá, el virrey se fue a ese sitio a establecer su gobierno. Así vino a suceder que Cartagena se halló de improviso cogida entre dos puntos enemigos; en su naneo izquierdo estaba Panamá, donde se hallaba nada menos que el virrey de España y con él la posibilidad de que se organizaran fuerzas para ir contra Cartagena, y en su flanco derecho estaba Santa Marta, donde habían llegado refuerzos procedentes de Cuba. Colocada entre la espada y la pared, Cartagena despachó fuerzas que debían cruzar el Magdalena, tomar posiciones en la orilla derecha y atacar Santa Marta por su retaguardia; pero las tropas de Cartagena fueron repelidas, con pérdidas importantes, especialmente en barcos, antes de que pudieran tomar posiciones del otro lado del río.

    Mientras tanto, el Congreso de Caracas, que estaba viendo con preocupación el avance de Monteverde y el entusiasmo popular que levantaba a su paso, nombró a Miranda generalísimo y le dio el encargo de organizar un ejército que pudiera batir al jefe español. Antes de que Miranda pudiera disponer de tropas organizadas, Monteverde entró en Valencia y la tomó sin resistencia, debido a que la masa del lugar, como estaba sucediendo en todo el país, era partidaria del rey. Miranda comprendió que la situación se hacía difícil y corrió a situarse en la Victoria, con lo cual cerraba el paso de Monteverde hacia Caracas, y estaba allí a fines de junio, cuando ocurrió la catastrófica sublevación del castillo de Puerto Cabello.

    Ese castillo era el único punto fuerte que tenía Miranda en su flanco derecho y era, además, el único desde el cual podía cortar la retaguardia de Monteverde en caso de que éste pretendiera avanzar hacia la Victoria. Miranda había confiado la jefatura de esa posición, con su depósito de casi dos mil quintales de pólvora y artillería abundante, a su joven amigo Simón Bolívar, a quien había dado el rango de coronel. Ahora bien, sucedía que el castillo de Puerto Cabello era al mismo tiempo que fuerte militar una prisión donde había numerosos oficiales y soldados españoles, y esos prisioneros fueron puestos en libertad el día 30 de junio por un oficial de Bolívar en el momento en que éste se hallaba en la ciudad haciendo su comida del mediodía. Ese oficial venezolano era partidario del rey, lo que indica cuál era la situación real de Venezuela desde el punto de vista político.

    El castillo de Puerto Cabello cayó, pues, en manos españolas sin que hubiera que disparar un tiro, y aunque Bolívar trató de recuperarlo y estuvo seis días luchando con ese fin, no logró cambiar la situación y se retiró a La Guayra.

    Con el castillo de Puerto Cabello y su dotación de pólvora y cañones del lado de Monteverde, Miranda, jefe de fuerzas todavía mal organizadas, no tenía posibilidades de evitar una derrota. En realidad, ni aun sin ese tropiezo hubiera podido el viejo luchador asegurar la victoria sobre Monteverde, pues, como lo probaba la entrega del castillo, la mayoría de los venezolanos se oponía a los mantuanos de Caracas, y éstos, incapaces de reconocer los valores del pueblo, no llamaron a esas mayorías a participar en la creación de la república, lo que se explica porque en ese caso habrían tenido que concederles derechos. Miranda, que no podía engañarse, solicitó un armisticio cuyas capitulaciones se firmaron el 24 de julio. La República Federal de Venezuela moría al cumplir su primer año de vida.

    A fines de julio, don Francisco de Miranda se preparaba a abandonar Venezuela; el día 30 llegó a La Guayra donde le esperaba un navío inglés que debía conducirlo a Curazao. La pequeña isla holandesa, situada a una singladura de La Guayra, había sido tomada por los ingleses en enero de 1807, como se dijo en el capítulo anterior, y seguía en manos británicas. Miranda viajaba siempre con sus archivos, y tan pronto llegó a La Guayra los hizo embarcar en el navío inglés; después fue a hospedarse en la casa de un amigo, donde dormiría la noche del 30, y tomaría el barco en la mañana del 31. El amigo que lo hospedaba se había vendido ya al bando vencedor, cosa que sucede a menudo en épocas turbulentas como las que vivía el país, e hizo a unos cuantos jóvenes mantuanos, entre los cuales se hallaba Bolívar, una falsa confidencia; les dijo que los cajones, y enviados por Miranda al navío inglés estaban llenos del oro que le había dado Monteverde para que le dejara paso libre hacia Caracas. Llenos de indignación y sin que trataran de confirmar lo que habían oído, Bolívar y sus amigos despertaron a Miranda en horas de la madrugada y lo hicieron preso. Preso lo hallaron las fuerzas de Monteverde al entrar en La Guayra y ya nunca más el viejo luchador volvería a verse Ubre; iba a morir, cuatro años después, en la prisión de La Carraca, en Cádiz.

    La llegada de Monteverde a Caracas significaría no sólo la muerte de la República Federal de Venezuela, sino además un golpe duro, aunque no necesariamente fatal, para la clase dominante del país, los orgullosos mantuanos, que habían declarado la independencia; pues con Monteverde entraron en el palacio de los capitanes generales los llamados "blancos de orilla", pequeños comerciantes y gente que ejercía "oficios baxos", como decían los mantuanos; los canarios, los pardos, los zambos y los negros libres, es decir, toda la gente del pueblo que había sufrido el desprecio y el odio del mantuanismo.

    Monteverde no autorizó crueldades, aunque no podía dejar en libertad a los personajes republicanos; pero los mantuanos de Venezuela no podían perdonar que él abriera las puertas del palacio de Gobierno al pueblo, y como en toda la América española quienes estaban escribiendo la Historia eran los servidores de la clase dominante, Monteverde ha estado figurando hasta ahora como la encarnación del crimen, el realista sin entrañas, él español salvaje. Y nada de eso es cierto. Lo cierto es que Monteverde fue el primer jefe de la democracia social venezolana y í una figura que merece respeto. Como primer jefe de la democracia social de Venezuela a él le tocó iniciar un capítulo en la historia del país, y lo hizo sin maldad; cada vez que pudo hacerlo, salvó vidas y aun bienes. A Simón Bolívar, por ejemplo, le dio pasaporte para que saliera del país, y a fines de agosto el joven coronel en cuyas manos se había perdido el castillo de Puerto Cabello estaba en Curazao; otros mantuanos, jóvenes y viejos, salían hacia Trinidad o hacia Nueva Granada.

    Sólo en algunos puntos de Nueva Granada podían hallar los republicanos de Venezuela ambiente propicio para sus planes y ayuda para reemprender la lucha. Entre esos republicanos de Venezuela había algunos españoles, como el coronel Manuel Cortés Campomanes. En Nueva Granada había también extranjeros, como el francés Pierre Labaut, que había sido oficial de Napoleón y servía a las autoridades cartageneras. Cartagena se hallaba en aprietos. Una ancha faja del territorio, que iba desde el Magdalena hasta las vecindades del golfo de Morrosquillo, en el litoral del Caribe, se había pronunciado a favor de los realistas, y los españoles de Santa Marta habían lanzado una ofensiva hacia el sur, sobre la ciudad de Mompós, con cuya conquista hubieran aislado a Cartagena de la región central del país. Cortés Campomanes, Labaut y algunos oficiales venezolanos, como los hermanos Carabaño, estaban luchando para reconquistar el terreno que había perdido Cartagena, y en ese momento Bolívar abandonó Curazao y se presentó en Cartagena; allí, en el viejo puerto del Caribe, iba a encontrar la ayuda que necesitaba para lanzarse sobre Venezuela y convertirse rápidamente en la primera figura de la larga lucha por la independencia de la América española.

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    ---------- Post added 2011-12-07 at 15:48 ----------

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    El Gobierno de Cartagena confió a Labaut la jefatura de las operaciones sobre Santa Marta, y Labaut encomendó al coronel Simón Bolívar el puesto de Barrancas, desde el cual, con 200 hombres, Bolívar debía proteger la retaguardia del francés, que cruzó el Magdalena y comenzó a operar en la margen derecha con la intención de tomar la ciudad enemiga por la retaguardia. Pero sucedió que en vez de quedarse estacionado en Barrancas, Bolívar empezó a operar hacia el sur, mientras Labaut lo hacía hacia el norte; y así fue como se dio el caso de que al mismo tiempo que Labaut tomaba Santa Marta —en enero de 1813— Bolívar entraba en Ocaña, después de haber conquistado varios otros lugares, como Tenerife y Mompós.

    Por esos mismos días terminaba la guerra civil que estaban llevando a cabo la provincia de Tunja y el Estado de Cundinamarca, y el 1 del mismo mes de enero habían desembarcado en Güiria Santiago Marino y Manuel Piar al frente de un grupo de republicanos. Güiria era un pequeño puerto situado en el golfo de Paria, es decir, en el extremo oriental de la costa venezolana del Caribe, a corta distancia de la isla de Trinidad, y no tenía guarnición realista, de manera que cayó fácilmente en manos de Marino y Piar. Estos se movieron inmediatamente hacia el oeste y ocuparon la plaza de Maturín, que la guarnición realista abandonó sin combatir. El avance de Marino y Piar desató en el oriente de Venezuela la guerra social en sus formas más crueles. Bandas que generalmente estaban encabezadas por algún español de posición humilde, pero que se formaban a base de pardos, negros libres y esclavos, comenzaron a actuar sin coordinación, una aquí y otra allá, y empezaron a cometer asesinatos, a torturar, a destruir, a incendiar propiedades de mantuanos.

    Mientras tanto, Labaut había pedido al Gobierno de Cartagena que sometiera a Bolívar a una corte marcial porque había desobedecido órdenes de su superior, pero las victorias del joven coronel venezolano le habían conquistado una popularidad tan grande que nadie se atrevió a darle oídos a la petición de Labaut. En ese momento, avanzando desde Maracaibo hacia el sur, a través de los Andes, el coronel español Ramón Correa había penetrado hasta Cúcuta, desde donde podía lanzarse sobre Pamplona y poner en peligro la existencia de Cundinamarca. El coronel Manuel del Castillo, que se hallaba al sur de Pamplona, en Piedecuesta, le pidió a Bolívar que actuara combinado con él en un ataque contra Correa; Bolívar solicitó autorización a Cartagena, la obtuvo y tomó Cúcuta, lo que le valió el grado de brigadier general y el título de ciudadano de Nueva Granada, ambos expedidos por Camilo Torres, presidente de las Provincias Unidas, pero también le ganó la enemistad del coronel del Castillo, lo que dos años después tuvo malos resultados para Bolívar y para Cartagena. En esos días Marino y Piar repelían un ataque realista a Barcelona, y Monteverde salía de Caracas para aplastar a Marino en Maturín.

    Las fuerzas que Bolívar tenía en Cúcuta eran neogranadinas, pero entre ellas había muchos venezolanos; algunos, como su tío Félix Ribas, eran oficiales; otros eran simples soldados. De todos modos, Bolívar necesitaba toda su tropa, neogranadinos y venezolanos, para lanzarse a la lucha en Venezuela, y solicitó permiso para disponer de ellos. Pero el coronel del Castillo, como había hecho Labaut antes, pedía que se sometiera a Bolívar a un consejo de guerra y se oponía a su marcha sobre Venezuela, y todo eso consumió más de dos meses, que Bolívar pasó esperando en Cúcuta. Cuando las autoridades de las Provincias Unidas le autorizaron a seguir adelante, marchó hacia el nordeste, subiendo los Andes, y el día 23 de mayo tomó Mérida. Ya estaba en territorio venezolano.

    En ese mes de mayo, Monteverde, derrotado en Maturín, estaba volviendo a Caracas y la guerra social se extendía a toda Venezuela. Los que se batían contra los partidarios de la república eran los hombres del pueblo, algunos de ellos españoles, pero los más negros, pardos, zambos. Se mataba en nombre de Fernando VII, mas aquello era en verdad una espantosa guerra social que día tras día cobraba más vigor, un vigor diabólico que acabaría arruinando al país.

    España no podía mandar ejércitos a América, pero de Cuba se enviaron fuerzas a Santa Marta, que se había rebelado contra Labaut y había vuelto a proclamar su adhesión a Fernando VII Francisco Montalvo, un cubano que tenía grado de mariscal de campo, llegó a Santa Marta con el título de capitán general de Nueva Granada. Eso sucedía el 2 de junio (1813), cuando Bolívar estaba preparando la toma de Trujillo. situada en el lado oriental de los Andes, en la que entró una columna suya el día 10; él llegó a Trujillo el 13, y el 15 lanzaba su proclama de guerra a muerte, que fue un esfuerzo dirigido a encauzar la guerra social que estaba asolando el país en una guerra regular de republicanos contra realistas.

    Mientras Bolívar trataba de darle sentido de lucha por la independencia a la guerra social, ésta se desataba en la región de Cúcuta. Las fuerzas de Cartagena no habían cesado de atacar a las realistas de Santa Marta, y éstas, mientras tanto, se expandían hacia el sur, con el resultado de que la actividad militar provocó la guerra social y ésta comenzó a florecer en los ricos valles de Cúcuta. Al mismo tiempo, en el extremo sudoeste del país comenzaba a operar el coronel español Juan de Sámano, que iba a, ser años después el último virrey de Nueva Granada.

    Desde Trujillo, Bolívar despachó una columna para cubrir su flanco izquierdo e impedir ataques de parte de los realistas de Maracaibo; despachó otra columna para cubrir su flanco derecho y evitar que las fuerzas realistas de Barinas —más de 2.000 hombres con artillería— pudieran avanzar hacia San Carlos y cortarle el paso, y él se dirigió a Guanare. Vencido en Niquitao por la columna que cubría el flanco derecho del joven general, los realistas abandonaron Barinas, donde Bolívar entró y reforzó sus tropas con armas y hombres.

    La situación era confusa en el centro de Nueva Granada. Cada una de las provincias se consideraba un Estado autónomo dentro de la Unión; cada una tenía su Gobierno de la Unión. Aunque el nombre de la Unión era el de Provincias Unidas, había provincias que se llamaban Estados. Algunos de esos Estados, como el de Cartagena, había declarado su independencia absoluta de España; otros, como el de Cundinamarca, reconocían a Fernando VII como rey, aunque establecían que sólo ejercería la monarquía cuando estuviera en el territorio del Estado y jurara y acatara sus leyes. Pero sucedía que los acontecimientos se precipitaban y obligaban a los notables que gobernaban esos Estados a tomar actitudes imprevistas. Por ejemplo, los movimientos de Sámano en el sudoeste del país representaban una amenaza para Cundinamarca, lo que llevó a sus autoridades a declarar que Cundinamarca era un Estado libre y soberano, sin ningún nexo con España ni con ningún otro país, aunque seguía considerándose parte de la Unión neogranadina, pero totalmente autónoma dentro de ella. Eso sucedió el 16 de julio (1813). Se eligió presidente de Cundinamarca a don Bernardo Álvarez y se le encomendó a don Antonio Nariño, que había sido presidente hasta entonces, la jefatura de las fuerzas que debían combatir a Sámano. El Congreso de la Unión le prometió a Nariño que todas las provincias proporcionarían soldados, armas y dinero para la campaña. Antes de un mes de haberse declarado Cundinamarca Estado libre y soberano, el de Antioquía proclamó su independencia de España.

    Mientras eso sucedía en Nueva Granada, Bolívar salía de Barinas y se dirigía a Araure; al mismo tiempo, Ribas avanzaba hacia Barquisimeto, ciudad que tomó después de haber derrotado una fuerza realista en Los Horcones. Bolívar reorganizó sus tropas en Araure, donde pasó los últimos días de julio, y después avanzó hacia San Carlos. Monteverde había establecido su cuartel general en Valencia, lo que hacía inevitable el choque entre su ejército y el de Bolívar. Efectivamente, el choque se produjo; fue en la sabana de Taguanes, el 31 de julio, y Monteverde quedó derrotado, de manera que se retiró a Valencia e inmediatamente a Puerto Cabello, donde sin duda tenía una posición buena para defenderse. Bolívar entró en Valencia el día 2 de agosto, avanzó rápidamente hacia la Victoria y el día 7 entraba en Caracas, y con ello daba fin a lo que en la historia de Venezuela se conoce con el nombre de "la campaña admirable" o "la campaña de las mil millas"; el primero, porque el joven general venezolano no sufrió un solo revés desde que salió de Barrancas, en las vecindades de Cartagena, con sólo 200 hombres, y el segundo porque ésa fue la distancia que recorrió con sus tropas desde Barrancas a la capital de Venezuela.

    Doce días después de la entrada de Bolívar en Caracas las fuerzas de Santiago Marino y Manuel Piar tomaban Barcelona y proclamaban a Marino jefe supremo de las provincias orientales del país. Venezuela, pues, se hallaba en peligro de quedar dividida en dos partes o de caer en una guerra civil cuando más funesta podía ser la división de los republicanos, y para evitar que eso sucediera, Bolívar procuró legalizar su autoridad; así, una asamblea de notables de Caracas le concedió el título de jefe militar y civil, con amplios poderes para gobernar, situación que acabaron aceptando Marino y Piar. Debemos tener en cuenta que fueron los notables de la ciudad —es decir, los hombres de prestigio social, los clásicos mantuanos—, no la gente del pueblo, quienes invistieron con esa autoridad a Bolívar, y que éste aceptó que fuera así. Esos detalles dan idea de las razones por las cuales la masa del pueblo no se sentía comprometida en la tarea de crear la república, y lo que es peor, ni los poderdantes ni Bolívar creían que esa masa tuviera nada que ver en la creación de la república.

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    ---------- Post added 2011-12-07 at 15:50 ----------

    Tan pronto como liquidó el problema político que significaba la presencia de dos jefaturas republicanas en Venezuela, Bolívar acudió a Puerto Cabello para tratar de sacar de allí a Monteverde, pero no tuvo éxito y se retiró a Valencia. Así, Puerto Cabello quedó como una vía de entrada al país por la que podían llegar refuerzos de las regiones costeras que estaban en manos españolas, como Santa Marta, Maracaibo, Coro, la Guayana, y abierto al tráfico con las islas españolas del Caribe, como Cuba y Puerto Rico. Y desde Puerto Rico, que había sido el punto de partida de Monteverde el año anterior, le llegó al jefe realista un refuerzo de 1.200 hombres con artillería y pertrechos de boca y de guerra.

    Bolívar seguía en Valencia, la ciudad más cercana a Puerto Cabello, y Monteverde, ya reforzado, hizo una salida para sacar al joven general de Valencia, pero fue derrotado en Barbilla y volvió a encerrarse en Puerto Cabello. Al volver a Caracas llevando el cadáver de uno de sus mejores oficiales, que había muerto en el combate de Barbilla —el neogranadino Atanasio Girardot—, la municipalidad caraqueña le otorgó a Bolívar el título de Libertador y lo invistió con los poderes de capitán gene-raí de los ejércitos republicanos. Esto sucedía el 14 de octubre (1813), menos de cuatro meses después que el joven caudillo había cumplido treinta años. Verdaderamente, Simón Bolívar tenía un destino singular.

    Cinco días después de haber recibido Bolívar el título de Libertador, Napoleón Bonaparte era derrotado en Leipzig y empezaba a abrirse un nuevo capítulo en la situación de Fernando VII, que seguía preso del emperador francés en Valencay; al mismo tiempo Nariño marchaba con unos 1.500 hombres sobre Popayán; Cúcuta caía en manos realistas, que llevaron a la ciudad neogranadina el mismo tipo de guerra social atroz e implacable que hacían en los valles de la región, y en el fondo de los llanos de Venezuela comenzaba a formarse un líder de masas que iba a encabezar poco después la terrible acometida que se conocería en la historia del país con el nombre sombrío de "el Año Terrible de Venezuela";,se trataba de José Tomás Boves, asturiano él, pero hecho a la vida del llanero; tan joven como Bolívar, tan enérgico y resuelto como el Libertador.

    Boves no era militar, pero se había retirado a Guayana con las fuerzas del general José Manuel Cajigal cuando Bolívar avanzaba desde Trujillo hacia Caracas; Cajigal pasó luego a Puerto Cabello y Boves comenzó a recorrer los llanos, al principio con muy pocos seguidores, luego con algunos centenares, y en ese mes de octubre de 1813 estaba operando en los Llanos de Guaneo al frente de miles de llaneros que se le habían sumado en pocos meses. Por sí sola, esa fuerza de Boves era una amenaza grave para Bolívar; ahora bien, sucedía que al mismo tiempo estaban moviéndose en forma ominosa dos ejércitos realistas, uno que había salido de Coro hacia el Sury otro que había salido de Barinas y se dirigía al Norte para reunirse con el de Coro; y por último, estaba Monteverde en Puerto Cabello.

    Bolívar creía que él podía destruir todas esas amenazas porque disponía de un ejército suficiente y leal, que había dado pruebas repetidas de su capacidad para triunfar; pero lo cierto era que Bolívar estaba equivocado. Para que alcanzara la victoria necesitaba tener una base política sólida, y eso le faltaba. Ni él ni su ejército habían conseguido apoyo popular; por otra parte, sus compañeros de clase —los mantuanos— no se sentían a gusto con él. Caracas, que había sido destruida en marzo del año anterior por un terremoto, era un montón de ruinas más que una ciudad; sus vecinos vivían de milagro, aun los más ricos, porque la guerra había paralizado todas las actividades productivas, y Bolívar exigía aportaciones económicas y decretaba medidas que sobrecargaban a mantuanos y comerciantes; a la vez el joven Libertador estaba obligado a perseguir a todos los sospechosos de simpatizar con los realistas, y esos simpatizantes eran los españoles del común, los canarios, los pardos, los zambos, los negros libres, los esclavos; de manera que en fin de cuentas Bolívar no tenía en Caracas el respaldo verdadero de ningún sector social. El confiaba en su ejército, pero ese ejército se movía en un campo que políticamente le era adverso, y ningún ejército puede triunfar allí donde no cuenta con el apoyo del pueblo. Bolívar tardaría años en aprender la terrible lección de que las guerras de liberación no las ganan las tropas sino los pueblos; los ejércitos son únicamente los brazos armados de los pueblos y sólo triunfan allí donde cuentan con el respaldo popular. A pesar de su genio político, del que dio pruebas abundantes durante su corta vida, en esos meses finales de 1813 el Libertador era todavía un mantuano y creía que el poder militar, y sólo él, iba a decidir la lucha en Venezuela. Como mantuano al fin, no paraba mientes en el pueblo.

    Como Bolívar pensaba así, mientras tuviera un ejército de fiar, como era sin duda el suyo, se sentiría invencible, lo que explica que saliera de Caracas hacia San Carlos para impedir que en este último punto pudieran reunirse los realistas de Coro y de Barinas; y fue derrotado en Barquisimeto por las fuerzas de Coro, a las que mandaba el general Ceballos. Ahora bien, Bolívar no se desanimaba porque perdiera una batalla, ni dos ni tres. Tras su derrota de Barquisimeto fue a batir una columna que Monteverde había despachado hacia el sur de Puerto Cabello, y la batió en Vigírima; de Vigirima corrió a San Carlos y de San Carlos se dirigió de nuevo a Barquisimeto, y en el camino supo que los ejércitos de Coro y de Barinas se habían reunido en Araure. Allí mismo les dio Bolívar el 5 de diciembre la larga y terrible batalla de Araure, en la que el propio Libertador peleó en primera fila más de seis horas.

    Una victoria como la de Araure, ganada a costa de esfuerzos desesperados, reafirmaba la idea de Bolívar de que todo lo que necesitaba para triunfar era un ejército aguerrido. Así, después de Araure corrió a sitiar Puerto Cabello por tierra mientras Piar enviaba desde Barcelona una flotilla para sitiar el lugar por el agua. La guarnición de Puerto Cabello, cansada de estar a las órdenes de un jefe que apenas salía a luchar, desconoció la autoridad de Monteverde y nombró capitán general de los ejércitos reales a don Juan Manuel Cajigal. A partir de ese momento, pues, España tendría en Venezuela un jefe oficial que enfrentar al infatigable Bolívar, sólo que se trataba de una jefatura formal, porque el pueblo realista, el que se batía en todas partes y a todas horas, no seguiría a Cajigal sino a Boves, y era con Boves con quien haría la atroz campaña del "año terrible", la que disiparía 1 os sueños del Libertador entre humos de incendios y alaridos de hombres degollados. Cuando Cajigal fue nombrado capitán general de Venezuela, ya Boves tenía tras sí 7.000 llaneros, de los cuales 5.000 eran montados; y se trataba de 7.000 hombres que procedían de las masas del pueblo, esclavos liberados por la guerra social, cuyos amos habían sido asesinados o habían huido abandonando sus haciendas; pardos y zambos que odiaban a muerte a todos los blancos; gente que se alimentaba de carne cruda cortada apresuradamente de las reses que mataban a lanzazos; hombres que iban a los combates no a vencer al enemigo, sino a aniquilarlo físicamente, a atravesarlo con la lanza o a degollarlo con el cuchillo; eran miles de llaneros que habían ido a buscar a su jefe espontáneamente para ganar a su lado posiciones, bienes, ascensos. Con esos seguidores fanáticos había formado Boves un ejército temible, el más veloz, el menos costoso y el más despiadado del mundo.

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    ---------- Post added 2011-12-07 at 15:53 ----------

    En ese momento —diciembre de 1813— Napoleón estaba negociando con Fernando VII, a quien necesariamente tendría que poner pronto en libertad. Los ejércitos franceses eran batidos en sus últimos reductos españoles; Wellington, que había sacado a las tropas del emperador de Portugal y había ganado en España la batalla de Vitoria, se disponía a cruzar el Bidasoa para combatir en suelo francés. Los realistas de Venezuela no podían estar enterados de las negociaciones de Valencay entre Bonaparte y Fernando VII, pero sabían que desde hacía meses los franceses iban perdiendo la guerra en España y debían pensar, con razón, que ya se avecinaba el día en que España podría mandar a Venezuela ejércitos poderosos, destinados a aplastar a los republicanos; y esa idea debía estimularlos a seguir la lucha, puesto que la victoria no podía estar muy lejos.

    En el mismo mes de diciembre se celebraron en San Salvador elecciones de ayuntamiento y alcaldes de barrio y resultó que los elegidos pertenecían —todos menos uno— a grupos conocidos como partidarios de la independencia, de manera que su elección no fue bien vista por las autoridades españolas. -Sin duda en El Salvador, provincia de Guatemala situada sobre el mar Pacífico, influían las noticias de la revolución mejicana, acaudillada en ese momento por el padre Morelos, pero debían influir también las que llegaban de Venezuela y Nueva Granada por la vía de Panamá. En esos días en el sur de Nueva Granada, también sobre la costa del Pacífico, fuerzas republicanas bajo el mando de José María Gutiérrez habían limpiado de realistas la provincia de Antioquia, y las tropas de Nariño, comandadas por el coronel José María Cabal, derrotaron a Sámano el 30 de diciembre en los cerros de Palacé y entraron en Popayán el día 31. Al comenzar el mes de enero, Sámano recibió refuerzos y estaba listo para marchar hacia Popayán cuando fue atacado por Nariño en Calibío. Derrotado de manera penosa, Sámano tuvo que retirarse a Pasto, que iba a ser durante años y años el punto fuerte de los realistas en el sur de Nueva Granada.

    Los alcaldes que habían sido electos en San Salvador en el mes de diciembre estaban tomando parte en una conspiración que debía estallar simultáneamente allí y en la ciudad de Guatemala, capital de la Capitanía General, pero las autoridades de ambos sitios estaban informadas de sus planes. En Guatemala el caso no llegó a ser grave; en San Salvador sí, debido a que el intendente Peinado ordenó la prisión de varios de los conjurados, y esa medida provocó un levantamiento popular de proporciones alarmantes. El levantamiento fue aplastado el día 24 de enero (1814) a costa de algunos muertos y varios heridos.

    Bolívar estaba en ese momento dirigiendo el sitio de Puerto Cabello. Tomar Puerto Cabello era la obsesión del joven general venezolano, tal vez porque allí había comenzado su vida militar con un fracaso histórico, quizá porque pensaba que si se adueñaba de ese punto fuerte tendría el dominio de la costa del Caribe hasta Coro y además el dominio de todo el centro de Venezuela. Obsesionado por la conquista de Puerto Cabello no atinaba a comprender que el enemigo verdaderamente peligroso no estaba allí; estaba en los Llanos de Guárico, y se llamaba Boves y tenía con él 7.000 llaneros de lanza y cuchillo.

    Para entrar en la región más poblada y más rica de Venezuela —si quedaba alguna riqueza en el país—, Boves tenía que hacerlo a través de La Puerta, que da paso de los Llanos de Guárico a los valles de Aragua, y como Bolívar sabía que ése sería el camino de Boves, mandó a La Puerta a un oficial español republicano, el coronel Campo Elias. La Puerta era relativamente fácil de defender, y Bolívar confiaba en que Boves no podría cruzar por el lugar. Pero el día 3 de febrero Boves y sus llaneros destrozaron los batallones de Campo Elias, y Bolívar, temeroso de que el alud llanero se desbordara hacia Valencia, abandonó el sitio de Puerto Cabello y corrió a establecer su cuartel general en Valencia. Desde allí se hizo cargo de la situación, que no podía ser más desoladora: Boves estaba operando en el centro del país, y sus avanzadas se encontraban en La Victoria, o lo que es lo mismo, en el camino de Caracas.

    Ahora bien, Caracas no era un sitio que podía dar recursos para defenderse. La capital era una sombra de lo que había sido; estaba destruida y hambreada y no le quedaban hombres en capacidad de combatir. De 40.000 habitantes que había tenido en 1812, sólo tenía 20.000 en ese mes de febrero de 1814, y la mayoría estaba compuesta por ancianos, mujeres y niños. Una pequeña columna realista podía tomarla, y sucedía que a muy poca distancia, en el castillo de La Guayra, había 800 oficiales y soldados españoles prisioneros. ¿No podía pasar en La Guayra lo que le había pasado a él en Puerto Cabello en junio de 1812? Si un oficial del día traidor ponía en libertad a esos militares presos, ¿quién podía salvar Caracas; quién evitaba la degollación de sus vecinos, la violación de sus mujeres, el asesinato de los niños? Y por último, si Caracas caía en manos enemigas, ¿quién seguiría luchando por Venezuela? Bolívar no se perdonaba a sí mismo haber sido confiado en junio de 1812 y haber provocado, con esa actitud, lo que él mismo llamó en aquellos días "la pérdida de la república"; y en consecuencia ordenó la muerte de todos los prisioneros de La Guayra. La matanza tuvo lugar el día 9 de febrero y el día 12 se daba la batalla de La Victoria, en la que participaron los estudiantes universitarios caraqueños, hijos —detalle que no debemos pasar por alto— de las familias pudientes de la capital.

    Quien mandó las fuerzas republicanas en La Victoria fue Ribas. Boves no participó en la batalla porque estaba curándose de un lanzazo que había recibido en La Puerta. Ribas venció a los llaneros de Boves, pero a costa de pérdidas muy altas. De todos modos, si hubiera quedado derrotado allí no había poder alguno que se interpusiera entre esos llaneros y Caracas.

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    ---------- Post added 2011-12-07 at 15:56 ----------

    Una vez curado, Boves decidió atacar San Mateo, la hacienda familiar de los Bolívar, donde el niño Simón iba a pasar sus vacaciones de verano. De las muchas propiedades que Bolívar había heredado al morir su padre —una fortuna que se calculaba entonces, al final del siglo XVIII, en varios millones de pesos—, ninguna estaba tan vinculada a los mejores recuerdos del Libertador. Pero Boves no la atacaba por eso, sino porque las casas de la hacienda dominaban militarmente, como si hubieran sido un fuerte, una gran porción de los ricos valles de Aragua. San Mateo era un símbolo del mantuanismo que Boves estaba aniquilando.

    Bolívar, que era muy-sagaz para prever los movimientos del enemigo, había calculado que si sus hombres eran derrotados en La Victoria, Boves atacaría San Mateo; así, levantó su cuartel general de Valencia y se trasladó a San Mateo. Allí, pues, se enfrentaron los dos jefes de Venezuela; Boves, el jefe de la masa popular, y Bolívar, el de un ejército eficiente, pero sin pueblo. La batalla de San Mateo iba a durar desde febrero hasta fines de marzo.

    El día 22 de ese mes llegaba a España Fernando VII, a quien Napoleón había dejado en libertad después de haberlo forzado a firmar un acuerdo por el cual, entre varios puntos, el rey de España se comprometía a no perseguir a los españoles que habían colaborado con José Bonaparte. Fernando VII entró en el país por Cataluña y era recibido de pueblo en pueblo por muchedumbres enardecidas que recibían en él al símbolo de sus luchas. En esos mismos días don Antonio Nariño marchaba hacia Pasto, donde le esperaban fuerzas realistas mandadas por el mariscal don Melchor Aymerich, que había llegado desde Quito para sustituir a Sámano, y en San Mateo se esperaban noticias de Santiago Marino, que había partido de la región oriental y avanzaba a marchas forzadas para reunirse con Bolívar.

    Boves tuvo también noticias de que Marino se acercaba por el camino de San Juan de los Morros, temió quedar cogido entre Marino y Bolívar y se movió hacia el Sur para bajar a Los Llanos a través de La Puerta; pero sucedió que Marino había cruzado ya La Puerta, de manera que Boves chocó con él en Bocachica, del lado norte de La Puerta, en un terreno poco apropiado para él. La batalla de Bocachica se dio el 31 de marzo. Bolívar acertó a darse cuenta de que Marino iba a tener una posición ventajosa frente a Boves y que iba a derrotarlo, y dedujo que en caso de derrota el jefe llanero tendría un solo camino para retirarse, que era el que pasaba al sur del lago de Valencia, y corrió a taponar ese camino. Efectivamente, por esa vía se retiraba Boves cuando Bolívar lo atacó y dispersó sus fuerzas el 1 de abril en Magdaleno. Tomando ventaja de la situación en que se hallaba Bolívar en San Mateo, el general Ceballos había avanzado desde el oeste del país y había sitiado Valencia, cuya defensa estaba a cargo del general Rafael Urdaneta, uno de los oficiales más capaces que tenía Bolívar, pero al saber que Boves había sido derrotado en Bocachica y en Magdaleno, Ceballos levantó el sitio y Bolívar corrió a Valencia, donde entró el día 3 de abril. Ese mismo día el terrible José Tomás Boves se internaba en Los Llanos, buscando el rumbo de Calabozo; de los 7.000 hombres que le seguían dos meses antes, le quedaban apenas 500. Su poderoso ejército de llaneros estaba destruido, pero antes había destruido él los valles de Aragua, que había sido la fuente de riqueza mantuana de Caracas.

    Ahora bien, el día que Boves dejaba San Mateo para adelantarse a Marino y cruzar La Puerta antes que el general oriental —movimiento que había hecho Boves el 30 de marzo—, los ejércitos rusos, prusianos y austriacos entraban en París. Francia, pues, había sido ocupada por sus enemigos y Napoleón se vería forzado a abdicar su corona de emperador a solicitud de sus propios mariscales y del Senado, que estaba ya en entendimiento con los Borbones. El día 11 de abril Bonaparte abdicó en Fontainebleau, en el propio palacio donde los representantes de España habían firmado el tratado de ese nombre en el mes de octubre de 1808, aquel tratado que iba a desatar tantos acontecimientos en España y en América. Parecía una jugada sardónica de la Historia que el indomable capitán tuviera que firmar su abdicación en ese lugar, pues fue el tratado de Fontainebleau lo que le abrió a Napoleón las puertas de España, y su conquista de España fue la chispa que provocó a un mismo tiempo el levantamiento del pueblo español y la rebelión de los territorios españoles de América. Con España, y el imperio español de América, desde luego, de su parte, ¿se hubiera visto Bonaparte en la situación en que se hallaba al firmar su abdicación? De no haber sido por la guerra que le hizo el pueblo español, ¿habrían podido los ejércitos aliados entrar fácilmente en Francia?.

    La Historia se ocupa de lo que sucedió, no de lo que hubiera podido suceder, y es el caso que la conquista de España fue para Napoleón un paso fatal; ahora bien, lo fue asimismo para España, puesto que les ofreció a las fuerzas tradicionales de la sociedad española una oportunidad que no habían tenido en más de un siglo: la de conquistar el poder político con el retorno de Fernando VII, El 5 de mayo entraba en París Luis XVIII; no podía llamarse Luis XVII porque el que debía llevar ese nombre había desaparecido en el abismo de la Revolución. Al entrar en París Luis XVIII salía Napoleón hacia la isla de Elba. Pues bien, el mismo día salía Fernando VII de Valencia hacia Madrid, y desde el anterior había firmado los decretos en que iba a basarse el régimen absolutista. Mediante esos decretos se derogaban la Constitución de 1812 y todas las leyes que habían producido las Cortes de Cádiz; además, se ordenaba la prisión de todos los diputados liberales y se designaba el ministerio con que iba a gobernar el rey. En Valencia, pues, había decidido Fernando VII el destino de su país; allí había tomado una posición totalmente opuesta a la que habían seguido todos sus antecesores Borbones durante ciento diez años. Con los decretos de Valencia quedaba liquidada una larga política liberal destinada a favorecer a los círculos burgueses del país, y se la suplantaba con otra llamada a apoyar la monarquía y las instituciones españolas en una base social tradicional. Esos decretos de Valencia darían lugar a una serie de luchas, en la que los círculos burgueses tratarían de reconquistar las posiciones perdidas; serían las luchas del siglo XIX español, caracterizadas por los "pronunciamientos", las sublevaciones, los golpes de Estado palaciegos, la actuación de los militares en la vida política, algo que España no había conocido desde hacía siglos, y al fin esas luchas acabarían provocando el colapso total del poder español en su imperio americano. Había, pues, una secuencia lógica entre la derrota de Bonaparte, su abdicación en Fontainebleau y los acontecimientos que estaban desarrollándose en el Caribe, lo que se explica porque el Caribe era una frontera imperial y esa frontera tenía que quedar afectada por lo que sucedía en las metrópolis imperiales.

    ---------- Post added 2011-12-07 at 15:58 ----------

    Mientras Boves huía hacia Calabozo, Marino se reunía con Bolívar en Valencia. El Libertador seguía aferrado a su idea de que debía tomar Puerto Cabello. Para él, el problema de Venezuela iba a ser resuelto por los ejércitos; quedaría liquidado en un choque de ejércitos, no por la guerra que hacían los llaneros de Boves a los que en esos días llamaba "bandidos". "Los bandidos han logrado lo que los ejércitos disciplinados no habían obtenido", escribió el 24 de marzo. De acuerdo con los planes elaborados en Valencia, Marino debía salir en persecución de Ceballos, que se retiraba hacia Occidente, y Bolívar volvería a Puerto Cabello para reforzar el sitio de esa plaza, que no había sido levantado; una vez tomada Puerto Cabello, él y Marino se encargarían de liquidar Cajigal, que en el ínterin había salido de Puerto Cabello y estaba operando entre Coro y Barquísímeto. El plan parecía muy bueno, pero sucedió que Ceballos destrozó a Marino el 10 de abril en la batalla de El Arao y Bolívar tuvo que correr a Valencia para evitar que esa ciudad cayera en manos de Ceballos.

    Allí, en Valencia, estaba Bolívar el 9 de mayo (1814), el día en que a más de mil quinientas millas hacia el Sudoeste Nariño derrotó a las fuerzas de Aymerich en el páramo de Tacines; el día siguiente Nariño se hallaba en las afueras de Pasto, donde fue atacado al caer la tarde. Desorganizada por el ataque, la izquierda de Nariño se desbandó y muchos de sus hombres huyeron a Tacines, adonde llevaron la noticia de que Nariño había sido derrotado y aniquilado. En Tacines se hallaba la retaguardia de Nariño, y la noticia causó en esa retaguardia tal desconcierto, que huyó abandonando su artillería y sus heridos. Nariño pues, perdió su base militar, y cuando llegó a Tacines se dio cuenta de que no tenía nada que hacer sino refugiarse en los bosques vecinos. Allí fue hecho preso y conducido a Pasto, donde el jefe neogranadino pasó más de un año en calidad de prisionero; al cabo de ese tiempo fue enviado a Quito y por fin acabó en una prisión de Cádiz, de donde saldría cuatro años después.

    A mediados de mayo los jefes españoles de Venezuela decidieron atacar a Bolívar en sus cuarteles de Valencia, y hacia Valencia marcharon Cajigal y Ceballos. Bolívar creyó que tenía ante sí la oportunidad de darles a los realistas una batalla decisiva, de manera que les salió al paso y los encontró en la sabana de Carabobo donde iba a tener lugar el día 28 la primera batalla de ese nombre.

    Efectivamente, si lo que estaba sucediendo en Venezuela hubiera respondido a los esquemas políticos de Bolívar, esa batalla de Carabobo habría sido decisiva. En ella el propio Libertador cargó por el centro enemigo y dejó a éste sin artillería. lo que produjo la desbandada realista. Cajigal y Ceballos dejaron en el campo más de 1.000 muertos y más de 1.000 heridos. Bolívar debió pensar que después de esa brillante acción tenía expedito el camino para echar a los realistas de Puerto Cabello, pacificar el país y organizar la república. Pero no sería así y no podía ser así; al contrario, cuando vencía el capitán general español en Carabobo, el Libertador se encontraba al borde de una derrota que acabaría con las fuerzas republicanas. Esas tropas y esos generales vencidos en Carabobo no representaban lo que Bolívar creía; eran sólo la expresión armada del poderío español, que estaba situado muy lejos y se hallaba en crisis desde hacía tiempo. El enemigo era otro; era la guerra social, encarnada en Boves. Boves había huido hacia Los Llanos menos de dos meses atrás, seguido sólo por un puñado de hombres; Bolívar lo había visto huir y no podía imaginarse que cuando él estaba triunfando en Carabobo el jefe de la guerra social tenía de nuevo a su mando miles y miles de llaneros.

    Boves, pues, apareció de pronto con su poderío renovado, y Bolívar, que contaba con los 5.000 soldados que había conducido a la victoria de Carabobo, puso 2.500 a las órdenes de Santiago Marino para que taponara con ellos el paso de Boves hacia Valencia en Villa del Cura y se fue él con los otros 2.500 a guardar La Puerta, el lugar donde el 3 de febrero había destruido Boves a Campo Elías.

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    ---------- Post added 2011-12-07 at 15:59 ----------

    En La Puerta se presentó el jefe llanero el 15 de junio para repetir lo que había hecho el 3 de febrero, y en esa segunda batalla de La Puerta quedó deshecho el ejército que diecisiete días antes había vencido en Carabobo. Muchos mantuanos de campanillas murieron degollados ese día; los caminos que llevaban a Caracas se llenaron de familias que huían de todos los lugares vecinos, y los lanceros de Boves lanceaban sin piedad a ancianos, mujeres y niños. Mientras una parte de sus llaneros se dedicaba a esa faena atroz, Boves marchó sobre Valencia, la sitió durante tres semanas y la tomó el 10 de julio. Tres días después salía el Libertador de Caracas por el camino de la cosía encabezando la penosa emigración a Oriente, una página conmovedora de las historias del Caribe. Muertos de hambre, de cansancio, de sueño, de miedo, miles de ancianos, mujeres y niños huían en busca de un lugar libre de la lanza llanera, en el que estuvieran a salvo de las frías degollaciones masivas. Boves desató el terror en Valencia, donde las matanzas fueron sobrecogedoras; luego se dirigió a Caracas, donde entró el 16 de julio (1814); y allí, en la capital de los mantuanos, fue hospedado ceremoniosamente en el palacio arzobispal.

    La emigración a Oriente duró tres semanas y terminó en Barcelona; pero como las fuerzas de Boves, bajo el mando de Francisco Tomás Morales, iban pisándoles los talones a los fugitivos, Bolívar y Bermúdez se hicieron fuertes en Aragua de Barcelona con 3.000 hombres. Morales atacó la plaza y la tomó el 17 de agosto. Bolívar se retiró a Barcelona y Bermúdez a Maturín. De Barcelona pasó Bolívar a Cumaná, donde un consejo de oficiales, celebrado el 23 de agosto, le retiró la jefatura de las fuerzas republicanas. El 8 de septiembre Bermúdez vencía en Maturín y ese mismo día Bolívar y Marino salían hacia Cartagena.

    La situación de Nueva Granada no era trágica como la de Venezuela, pero tampoco era brillante. Las luchas de facciones, que no llegaban a los límites de la guerra civil, no daban paso a la organización del país. Se seguía combatiendo en el Norte, entre la Cartagena republicana y la Santa Marta realista; Pamplona se hallaba en manos realistas y las partidas que hacían la guerra social seguían operando en la región de Cúcuta, y en el Sudoeste, Popayán había caído de nuevo en poder del enemigo. Nadie tomaba medidas para evitarle a Nueva Granada la dolo-rosa experiencia que estaba padeciendo Venezuela. El Congreso y las autoridades de la Unión, establecidos en Tunja, se ocupaban sobre todo en someter a Cundinamarca, cuyo presidente había resuelto ejercer la dictadura, una prerrogativa que le permitía suspender en su territorio la constitución federal por un tiempo determinado.

    Las victorias realistas en Venezuela habían obligado al general Rafael Urdaneta a cruzar los Andes con uno o dos batallones venezolanos y a entrar en Nueva Granada con esa tropa, que puso a disposición del congreso de la Unión, y el Congreso le ordenó pasar a Tunja con sus soldados porque esperaba usarlos para reducir al dictador de Cundinamarca. Así, los adalides de la guerra venezolana de independencia venían a convertirse en instrumentos de luchas internas en Nueva Granada. Ese fue el papel que tuvo que hacer Bolívar cuando después de haber llegado a Cartagena pasó a Tunja para dar cuenta al Congreso de los sucesos de Venezuela; de manera que Bolívar se vio envuelto en las pugnas de Nueva Granada, un aspecto de su vida que no interesa para los fines de este libro. Ahora bien, dado que El Libertador tuvo una actuación tan descollante en la historia del Caribe, diremos brevemente, y a su tiempo, qué hizo él en esos días. Por ahora sólo anotaremos que Cúcuta cayó en manos españolas, pero que Urdaneta recuperó la plaza sin mucho esfuerzo.

    Si los realistas de Venezuela hubieran estado organizados alrededor de una autoridad definida, digamos, alrededor del capitán general Cajigal, hubieran podido sacar fuerzas del país y lanzarse sobre Nueva Granada, pues con la excepción de Maturín y la isla de Margarita toda Venezuela se hallaba en sus manos. Pero en Venezuela no mandaba nadie, por lo menos sobre un esquema de orden civil. Allí los núcleos que tenían más poder se dedicaban a hacer la guerra social, cada uno por su cuenta y valiéndose de sus propios medios. Boves mismo tenía un sólo propósito: aniquilar los restos del mantuanismo que se hallaban en Maturín.

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    ---------- Post added 2011-12-07 at 16:01 ----------

    Vencido en Manturín el día 8 de septiembre, Morales se había retirado a Úrica, y a Úrica iría a reunirse con él su jefe Juan Tomás Boves. El general Piar, a quien se le habían confiado 800 hombres para que los condujera a Maturín, donde los republicanos habían planeado hacerse fuertes, decidió quedarse en Cumaná para detener allí el avance de Boves. Se trataba de un sueño que iba a convertirse en una pesadilla de sangre. Boves arrolló a Piar, entró en Cumaná y la convirtió en una ciudad mártir. Las matanzas de Cumaná ocupan una página distinguida en la historia de atrocidades de la guerra social venezolana.

    En ese momento, al comenzar el mes de noviembre de ese llamado "año terrible" de 1814, en la Venezuela continental sólo Maturín se conservaba como una isla republicana. Cerca de allí, en las aguas del Caribe, estaba la isla Margarita, también en manos republicanas, pero esa isla no preocupaba a Boves. Su plan era ir a Úrica para unir las fuerzas de Morales a las suyas y caer sobre Maturín, donde exterminaría los restos del mantuanismo venezolano. En Manturín había 4.000 hombres, número suficiente para atacar a Morales en Úrica, vencerlo y desbandar sus llaneros antes de que Boves llegara; sin embargo, no se hizo así, sino que se pretendió detener la marcha de Boves en Los Magueyes, donde el terrible jefe de los llaneros derrotó a los republicanos el día 9. Con el camino hacia Úrica abierto a sus caballos, Boves fue a reunirse con Morales, lo que quiere decir que a mediados de noviembre disponía en Úrica de 7.000 hombres, mientras que los republicanos de Maturín sólo tenían unos 4.000. La diferencia a favor de Boves no era alta sólo por el número, pues a eso había que agregar la clásica ferocidad de las hordas llaneras, su moral de triunfadores y la presencia entre ellos de su implacable jefe, a quien idolatraban con fanatismo. Ya Bolívar no estaba en Venezuela y los jefes venezolanos —valientes hasta la temeridad, casi todos de origen mantuano y. por esa misma razón, apasionados en su odio contra Boves y sus llaneros— carecían del talento estratégico y táctico de Bolívar; además, entre ellos no había un líder, lo que quiere decir que les faltaba una autoridad, sin lo cual es difícil hacer la guerra con probabilidades de éxito. La falta de un plan y de un jefe a quien todos respetaran y obedecieran llevó a los generales criollos reunidos en Maturín a concebir un dislate: ir a atacar a Boves en Úrica. Lo lógico hubiera sido provocar al jefe llanero a que atacara Maturín, pero en esa hora trágica y final del mantuanismo venezolano, lo lógico no podía darse; debía darse naturalmente lo contrario.

    El ataque a Úrica se llevó a cabo el 5 de diciembre y fue ejecutado con tanto vigor, que los republicanos llegaron hasta la plaza de la pequeña villa oriental y los caballos de los dos bandos se confundían en un amasijo de sangre y lanzas. El lugar quedó lleno de cadáveres; entre ellos estaba el de José Tomás Boves, que había muerto de un lanzazo sin que los republicanos llegaran a darse cuenta de a quién habían herido, Esto se explica porque Boves combatía entre sus hombres como uno más de ellos, pero también porque la ferocidad del encuentro cegaba a los combatientes al punto de que mataban y morían como en estado de locura. Tras la derrota de Úrica, muchos jefes que huían desperdigados por las montañas de la región fueron cazados y asesinados; entre ellos estuvo el vencedor de Niquitao, Los Horcones y la Victoria, el general José Félix Ribas, cuya cabeza, frita en aceite, fue enviada a Caracas.

    Para dar idea de la ferocidad de la guerra social venezolana contaremos este episodio, que fue algo así como la corona de la batalla de Úrica: a la muerte de Boves sus tenientes designaron a su segundo, Francisco Tomás Morales, para el puesto que había ocupado el gran caudillo, y en el acta levantada en esa ocasión declararon que Morales no estaba obligado a recibir órdenes del capitán general español. Siete oficiales se opusieron a ese acuerdo; pues bien, los siete fueron fusilados en el acto; después se decapitó a los cadáveres y las cabezas se enviaron a Caracas a fin de que se expusieran en lugares públicos.

    El 1814 se conoce en la historia de Venezuela con el nombre de "el año terrible", pero no debido al número o a la importancia de las batallas que se libraron en ese tiempo, aunque sin duda fueron muchas y algunas muy notables y muy costosas en muertos y heridos. Las batallas habían sido apenas puntos salientes, hechos destacados en una guerra que se llevaba a cabo en todo el país y en todas partes a la vez; en las ciudades y en despoblado, en las plazas fuertes y en las aldeas.

    La guerra social venezolana había comenzado tímidamente en 1810, y se la podía distinguir de la guerra organizada desde mediados de 1812, pero fue en 1814 cuando llegó a tener todo su sombrío esplendor. En ese año había matanzas diarias, lo mismo en los lugares que se hallaban bajo el mando de Boves que en los que caían en manos de Bolívar. Los presos de ambos bandos eran lanceados o degollados en el lugar en que se echaban en tierra agotados por el cansancio y los sufrimientos; el país era recorrido en toda su extensión por partidas que no respetaban ni vidas, ni bienes, ni hogares, ni templos; en las familias divididas por la guerra la madre lloraba al hijo que moría en el lado republicano y a la vez rezaba por la vida de otro de sus hijos que se hallaba en el campo realista. En las ciudades de la cordillera de la costa norte —la que da al Caribe— las poblaciones se habían alimentado tradicionalmente de los productos sacados de los pequeños valles, pero la guerra social echó de esos valles a los que los cultivaban, de manera que en 1814 el hambre se generalizó en Caracas a tal punto que hay descripciones de esos días en que se cuenta cómo iban las mujeres de familias linajudas buscando por las calles desperdicios con que alimentar a sus deudos. Los niños tiernos morían de consunción, los ancianos enloquecían de hambre, los hombres iban a combatir, y todos lloraban de cólera.

    ---------- Post added 2011-12-07 at 16:02 ----------

    Ya hemos dicho que ni siquiera los templos se salvaron de los horrores de la guerra social. Boves entraba a caballo en las iglesias y frente a los altares se ejecutaban degollaciones masivas. En la capitulación de Valencia se garantizó la vida de los vencidos y Boves juró ante la hostia sagrada que cumpliría esa capitulación; sin embargo, pocas horas después ordenaba que comenzara la matanza de los republicanos. En el voluminoso libro de esas matanzas hay páginas increíbles y, sin embargo, se sabe que en ellas se cuenta la verdad.

    Nadie podría decir cuántas fueron las víctimas de la guerra social venezolana, pero no se exageraría si se dijera que debieron llegar a 100.000. Tres días después de la segunda batalla de La Puerta, cuando todavía no se habían producido las hecatombes de Valencia, Caracas y la región oriental, el asesor de la Intendencia de Venezuela decía que "las poblaciones de millares de almas han quedado reducidas: unas, a centenas; otras, a docenas, y de otras no quedan más que los vestigios de que allí vivieron racionales". Un funcionario realista afirmaba que Boves estaba exterminando la raza blanca en Venezuela, y en febrero de 1815, más de dos meses después de la muerte de Boves, Morales escribía, hablando de los republicanos, que "no han quedado ni reliquias de esta inicua raza en toda Costa Firme".

    En la guerra social se robaba, se mataba, se incendiaba, se violaba; pero Boves, que miraba impasible el espectáculo de la muerte y la destrucción, era austero como un desierto o una montaña nevada; nunca se le conoció un descanso, no bebía, no fumaba, no jugaba, no bailaba. Al morir tenía tan sólo una silla de montar y una acreencia de algunos cientos de pesos que le había prestado a un amigo. Figura en la historia de Venezuela como la imagen del crimen repugnante, pero no fue eso, sino el producto genuino de un pueblo en guerra a muerte contra sus explotadores. El terrible jefe fue enterrado en el altar mayor de la iglesia de Úrica y en todas las iglesias del país se hicieron honras fúnebres y los sacerdotes predicaron desde los pulpitos elogiando sus virtudes. Es curioso observar cómo se confundieron en esos días los que honraban al caudillo muerto y cómo seguían confundidos siglo y medio después los que veían en él la encarnación del antipatriotismo en vez de lo que realmente fue: la encarnación del pueblo humillado y oprimido.

    Cuando los acongojados llaneros de Venezuela enterraban a Boves en Úrica, Bolívar estaba sitiando Bogotá con fuerzas del Congreso de la Unión. Era penoso que un hombre de su categoría tuviera que participar en episodios de esa naturaleza, pero Bolívar creía que el fortalecimiento de la unidad de Nueva Granada era indispensable para reanudar en Venezuela la lucha por la independencia. Don Manuel Bernardo Alvarez, el dictador de Cundinamarca, aceptó las condiciones del Congreso cuando Bolívar le recordó, en una carta apremiante, que él había decretado la guerra a muerte y había ordenado el fusilamiento de los prisioneros de La Guayra; de manera que los excesos de la guerra social venezolana sirvieron en Nueva Granada para que Cundinamarca se integrara en la Unión. Después de eso las autoridades federales pasaron a establecerse en Bogotá. Ya avanzaba el mes de enero de 1815 y ya estaba a punto de abrirse un nuevo capítulo en la historia de las luchas por la independencia de Nueva Granada y Venezuela.

    Fín del capítulo
    四十九年一睡の夢 一期の栄華一盃の酒

    "Forty Nine Years;
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    Menudo ladrillo que has soltado. Si lo que quieres decir es que los lideres e instigadores de las independencias de los paises americanos eran criollos privilegiados, a los que les importaba un rabano la masa mestiza-indigena-mulata, y que se rebelaron para quedarse con todo el pastel, y librarse de la monarquia borbonica que les quitaba buena parte de las riquezas, entonces tienes en general razón. No es exactamente asi, porque tambien buena parte de la masa apoyo a los independentistas, pero que tambien un buen numero(quizas la mayoria) de los indigenas apoyaron a los realistas tambien es cierto. El ejercito realista peruano al que se enfrentaron los libertadores como San Martin y compañia eran tan español como la seleccion de futbol del Congo.Incluso los libertadores eran mas españoles que los realistas. De hecho, debido a la rebelion lliberal de Riego en España, apenas pudieron ir tropas españolas a America. Los indigenas, mulatos, mestizos no lo tenian bien con los españoles, pero tampoco lo iban a tener mejor(de hecho fue peor) con los criollos.

    Por ultimo, en Mexico ganaron los realistas, y si Mexico se independizo es porque Iturbide se cago con los liberales que habian llegado al poder en España, y prefirió separase de los "perniciosos" liberales.

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    Menudo ladrillo que has soltado. Si lo que quieres decir es que los lideres e instigadores de las independencias de los paises americanos eran criollos privilegiados, a los que les importaba un rabano la masa mestiza-indigena-mulata, y que se rebelaron para quedarse con todo el pastel, y librarse de la monarquia borbonica que les quitaba buena parte de las riquezas, entonces tienes en general razón. No es exactamente asi, porque tambien buena parte de la masa apoyo a los independentistas, pero que tambien un buen numero(quizas la mayoria) de los indigenas apoyaron a los realistas tambien es cierto. El ejercito realista peruano al que se enfrentaron los libertadores como San Martin y compañia eran tan español como la seleccion de futbol del Congo.Incluso los libertadores eran mas españoles que los realistas. De hecho, debido a la rebelion lliberal de Riego en España, apenas pudieron ir tropas españolas a America. Los indigenas, mulatos, mestizos no lo tenian bien con los españoles, pero tampoco lo iban a tener mejor(de hecho fue peor) con los criollos.

    Por ultimo, en Mexico ganaron los realistas, y si Mexico se independizo es porque Iturbide se cago con los liberales que habian llegado al poder en España, y prefirió separase de los "perniciosos" liberales.
    Ciertamente. Lo que sucede es que en las historiografias oficiales (y aún en las de fuentes izquierdosas) se pinta usualmente a las guerras de independencia como conflictos exclusivamente entre ejercitos totalmente peninsulares vs. milicias nativas, cuando en realidad estas tuvieron más el caracter de guerras civiles que otra cosa. La única guerra de independencia que se podria catalogar como totalmente internacional es la de independencia Cubana, la cual estuvo dividida en dos intervalos (1868-1878 y 1895-1898), la cual sería casi exclusivamente 1 a 1, hasta que los gringos se metieron en la última parte.
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    Oye! Tu escribite to eso?
    No, fue un simple copy pasting del sitio en el cual el libro se encuentra integro.
    Last edited by El Andullero; 2011-12-07 at 22:53.
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    Ciertamente. Lo que sucede es que en las historiografias oficiales (y aún en las de fuentes izquierdosas) se pinta usualmente a las guerras de independencia como conflictos exclusivamente entre ejercitos totalmente peninsulares vs. milicias nativas, cuando en realidad estas tuvieron más el caracter de guerras civiles que otra cosa. La única guerra de independencia que se podria catalogar como totalmente internacional es la de independencia Cubana, la cual estuvo dividida en dos intervalos (1868-1878 y 1895-1898), la cual sería casi exclusivamente 1 a 1, hasta que los gringos se metieron en la última parte.
    Gente como Chaves o Evo Morales saben tanto de historia como un niño de 5 años. Encima se dan el lujo de manipularlo. Chaves ha convertido a Bolivar en algo totalmente diferente a lo que fue realmente, deificandolo de manera irracional. Lo de llamar bolivariano a un pais ya es de tontos, como si el pais perteneciera a una persona. Chaves utiliza a Bolivar para sus ideas politicas, cuando el verdadero Bolivar probablemente era lo opuesto a lo que defiende Chaves. Pero nunca superará a Evo Morales que en un momento de lucidez se inventó que los incas lucharon contra los romanos.

    La guerra de independencia cubana, junto con posiblemente la guerra de restauracion dominicana son las unicas en el que un ejercito español de verdad se enfrentó a oponentes independentistas. Entonces ya se demostró que esas guerras iban a costar muy caro, y una probable derrota porque los españoles no estaban acostumbrados a esos climas. Tambien creo que hubó una fase de la guerra de independencia de Venezuela y Colombia en la que un nutrido ejercito español dirigido por Morillo logró llegar a Venezuela , y pelear contra los independentistas.

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